En Argentina la clase media adapta consumos por temor a economía post-electoral

Los argentinos toman sus recaudos en la previa a la llegada del 28 de octubre. Adoptan posturas defensivas, ante el miedo de que sobrevengan medidas de ajuste o un mayor intervencionismo. La lista de temores, la visión de los analistas y el riesgo de la “profecía autocumplida”. “¿Qué va a pasar con la economía?” Ante cada elección, esta pregunta sigue siendo tan o más importante para los argentinos que la de cuál candidato se va a imponer en las urnas. Ocurre que ya se ha transformado en parte de las tradiciones argentinas la creencia de que, necesariamente, luego de una contienda electoral sobrevendrán medidas más o menos drásticas, que afecten la moneda, los contratos, depósitos bancarios, valores de los activos y niveles impositivos. No es, por cierto, un temor injustificado, sino que está refrendado por la experiencia de varias décadas. Y, ante esa situación, la reacción típica de la sociedad es la adopción de medidas defensivas, generalmente la compra de dólares. Esta actitud se ha visto incluso en los momentos de calma y economía floreciente. Como antes de las presidenciales de 2007, cuando el Banco Central -que por esos días estaba acostumbrado a comprar- tuvo que salir a vender divisas durante varias jornadas, ante un inusual incremento de la demanda. En las elecciones siguientes, las legislativas de 2009 -que se realizaron en un momento recesivo y con un clima político enrarecido tras el “conflicto del campo”- a nadie extrañó que los meses finales de la campaña electoral hayan tenido, en simultáneo, una fuga de capitales promedio de u$s2.000 millones por mes. En realidad, al interrogante sobre el futuro de la economía le suele seguir la pregunta más específica de “¿qué va a pasar con el dólar?”. Esto obedece a la extendida convicción de que no es posible, para un partido que está en el gobierno, ganar elecciones con “dólar alto”.  La verdad es que la historia ha desmentido esta máxima en varias ocasiones. Por caso: En 2007, todavía existía un tipo de cambio elevado y, sin embargo, Cristina Kirchner se impuso en primera vuelta. En cambio, en las legislativas de 2001, Fernando de la Rúa recibió un duro voto castigo, a pesar de que el billete verde estaba más barato que nunca en términos históricos.

El riesgo de la profecía autocumplida

El hecho es que, esté justificada o no, se ha consolidado esa expectativa de que los gobiernos que se encuentran en situación de inestabilidad económica tratan por todos los medios de posponer medidas de ajuste, de manera de no sufrir pérdida de votos. Esto ha llevado a que, desde las usinas intelectuales del kirchnerismo, se haya insistido en la importancia de alejar cualquier fantasma de devaluación. Y mencionan como ejemplo el caso Venezuela, donde el chavismo pasó en seis meses de una victoria holgada a una muy ajustada: en el medio, hubo una fuerte suba del billete verde, del orden del 40 por ciento. Sin embargo, hay un problema: la sociedad descuenta que un Gobierno nunca dirá los “verdaderos planes” que tiene en carpeta.  A fin de cuentas, Cristina Kirchner nunca dijo durante la campaña electoral de 2011 que, a los pocos días de ser reelecta, implantaría el cepo cambiario.  De manera que hoy, con el diario del lunes, quienes habían tomado medidas defensivas en aquel momento pueden demostrar que “tenían razón”. La Presidenta, fiel a su costumbre, recurrió a la teoría conspirativa para explicar esa reacción. “Los que quieren ir por todo y por todos son ellos. Lo vi claramente a los pocos días de ganar las elecciones presidenciales en 2011, cuando en una corrida se llevaron 5.000 millones de dólares”, recordó en uno de sus últimos discursos. Podrá discutirse eternamente si fue esa fuga la que forzó al Gobierno a adoptar el cepo o si la decisión ya estaba en carpeta desde antes de los comicios. Lo cierto es que la economía argentina demuestra ser vulnerable a las “profecías autocumplidas”. Es decir, cuando todos creen que sobrevendrá una crisis pueden terminar provocándola, al asumir un comportamiento defensivo “en manada”.

Nueva lista de temores

¿A qué le teme la gente para el 28 de octubre, el “día después” de las legislativas? Los analistas creen que hay dos tipos de miedos: por un lado, el de las medidas que el Gobierno pueda tomar deliberadamente. Por otro, los ajustes determinados por el propio mercado, en caso de que la situación se desborde. “La economía por ella misma terminará imponiendo condiciones, cualquiera sea el resultado electoral”, afirma Carlos Melconian, titular de la consultora M&S. Y arriesga que, ante la disyuntiva sobre cómo atacar la escasez de dólares, considera como muy probable que el Gobierno avance con su política intervencionista: “Más controles, más presiones hacia particulares y empresas, más intentos de ‘forzar ingresos de divisas’, medidas más fuertes como ‘turismo cero’, fortísimo control de importaciones, ya al modo venezolano”.  Asimismo, no descarta la posibilidad de un desdoblamiento formal del mercado cambiario (ver nota: “Desdoblar sin que rompa”: lo bueno, lo malo y lo feo de un mercado cambiario con varios tipos de dólar). Su punto de vista es compartido por varios analistas. Como Salvador Di Stefano, un consultor de fuerte llegada en la zona sojera, para quien será inevitable un cambio sustancial en la política cambiaria. “Vemos al blue con demanda sostenida. Al precio actual nos parece muy barato”, señala Di Stefano, para quien la última prueba de la desconfianza en el Gobierno fue el fracaso del Cedin -el bono con el que pensaba restarle presión alcista al dólar paralelo. “Huelo un desdoblamiento cambiario; todo hace pensar que optará por implementar una medida de este tipo”, arriesga. Otros analistas no consideran tan probable la adopción de un desdoblamiento cambiario, pero dan por descontado que habrá iniciativas específicas para encarecer actividades que provocan fuga de reservas. “Lo que es seguro que va a ocurrir tras las elecciones es alguna restricción adicional para el turismo en el exterior; veo esto más probable incluso que la adopción de un dólar financiero”, señala Mariano Lamothe, economista jefe de la consultora Abeceb.

Palpitando la previa

La mayoría de los analistas cree que durante la previa electoral el Ejecutivo intentará mantener el ritmo de suba del dólar a un nivel similar al de estos últimos meses. Es decir, más acelerado pero sin que sobrevenga un fuerte ajuste de un día para el otro.  Por el lado del público, el apetito por dolarizarse no menguará, típico de los momentos preelectorales. “La dolarización de ahorristas ha ganado volumen, sólo que ahora ese flujo va a estar canalizado hacia el sector informal, como se hace evidente en la presión alcista del blue”, argumenta Gabriel Caamaño Gómez, economista jefe de la consultora Ledesma. Y agrega que el público percibe que hay una serie de ajustes de la economía que están retrasados producto del “poder de intimidación” del Gobierno. Pero que, ante la perspectiva de un revés electoral, esa capacidad disuasiva empezará a disminuir.

Fuga disfrazada de consumo

Ante este panorama, se da una situación curiosa. Sigue existiendo el clásico nerviosismo pre-electoral y la sociedad sigue tomando medidas defensivas, pero la vigencia del cepo cambiario hace que esa protección no esté exclusivamente limitada a la compra de dólares (ahora en el mercado paralelo) sino que también se hayan exacerbado otras formas de consumo defensivo. Así, los viajes al exterior -pese a las restricciones- siguen marcando récords, ya en un nivel de 7 millones de turistas que anualmente salen del país.  Según una estimación del economista Federico Muñoz, la salida neta de dólares por turismo llegará este año a los u$s7.400 millones. Antes del cepo, la cantidad de gente que se iba era menor que la que llegaba al país y la actividad turística hasta le dejaba al Gobierno un saldo positivo de u$s600 millones. Este “furor” por salir al exterior es el que lleva a los analistas a afirmar que los viajes se han transformado en una alternativa de “dolarización”. Incluso, tratan de adelantar este tipo de consumo, ante el temor a un encarecimiento por parte del Gobierno. Así las cosas, se ha exacerbado la compra de pasajes, algo de lo que dan cuenta los ejecutivos de las agencias de viaje. Otro tipo de adquisición que los particulares asimilan a la dolarización es la compra de automóviles, en particular los importados. Contribuye, además, que se hayan abaratado medidos en cantidad de salarios promedio, lo que hace que -aun con una economía de bajo crecimiento- esta actividad siga batiendo récords. En lo que va del año, suman 585.000 vehículos vendidos, un 9,5% más que el año pasado. En particular, han tenido un fuerte empuje los autos de alta gama, con una variación superior al 40% respecto de hace un año. Para los analistas esto responde, por un lado, a una compra oportunista. Por otro, porque este tipo de adquisición hace las veces de una forma indirecta de inversión para quienes no tienen acceso al dólar y pueden pagarlo en cuotas fijas, en pesos y a varios años. Además, hay un componente extra que exacerba el fenómeno, porque se expandió la versión de que luego de las elecciones habrá un recargo para las compras de autos importados. Lo paradójico es que la Presidenta, lejos de interpretar que el récord turístico y el boom automotor obedecen a distorsiones de la economía, como el atraso cambiario, los presenta como pruebas de buena solidez. E ironiza sobre los análisis que atribuyen a la inflación esta actitud de los argentinos. “Decir que la gente compra autos por la inflación, es no saber lo que fue la inflación. A fines de la década del 80, la gente no podía comer”, afirmó. Lo cierto es que la historia demuestra que un alto consumo en esos rubros es perfectamente compatible con una economía inestable. De hecho, el turismo y los autos alcanzaron cifras históricas en la previa al 2001.

El próximo punto de quiebre

Los economistas advierten sobre el riesgo de una “duplicación de la apuesta”, con una aceleración del gasto público que termine aumentando la presión al sector privado. Según la consultora Empiria, dirigida por Hernán Lacunza, ex gerente general del Banco Central, este escenario “podría amenazar la estabilidad financiera, sostenida artificialmente vía controles (cepo, restricciones a operar en bonos), que serán más difíciles de ejercer si son operados por un gobierno débil”.  Y advierte que una de las respuestas a estas distorsiones será la de un mayor aumento del dólar blue. Algo que, de hecho, ya se está viendo en estos días. Por lo pronto, los analistas creen que aún no se ha visto todo en lo que se refiere a “argentinos asustados” por lo que ocurra a partir del 28 de octubre. Porque, además de la aceleración de algunos tipos de consumo y de la disparada del paralelo, creen que hay otro síntoma de temor que todavía no se ha materializado: la “evaporación” de los dólares depositados en el sistema bancario.”No podemos olvidar que los privados todavía mantienen casi u$s7.000 millones en los bancos que, por cierto, engrosan las reservas del Banco Central”, advierte Muñoz. Por otra parte, advierte que si ese “quiebre de confianza” de ahorristas se produjera en simultáneo con una rebeldía de los productores rurales que decidieran retener los granos, entonces el margen de acción del Gobierno se reduciría dramáticamente. Nadie se anima, claro, a pronosticar el “timing” de este deterioro. Dependerá, como la historia ha demostrado en otras ocasiones, de qué tan convencidos estén los argentinos sobre el margen de acción que le queda al Ejecutivo para esquivar una severa crisis, de que puedan calmar sus temores por el “día después” y así evitar las consecuencias de la profecía autocumplida.

Fuente: I Profesional

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Vaticinan para después de las elecciones medidas oficiales que afectarán nuevamente al turismo

La mayoría de los analistas coinciden en que, pasada las elecciones, habrá medidas oficiales para achicar la sangría de dólares que genera este sector. A la vez, alerta que las restricciones que se tomen impactarán en el precio del blue, lo que frenaría el drenaje sólo por un tiempo. Pronósticos. Los economistas suelen no coincidir en ninguno de los pronósticos sobre cómo seguirá el país en el futuro cercano. Pero parecen estar de acuerdo en un punto: habrá medidas que afectarán al turismo. A pesar de que el titular de la AFIP Ricardo Echegaray negó “enfáticamente” que se esté pensando en incrementar el actual recargo, lo cierto es que todo el mercado ya tiene la expectativa de que, inexorablemente, alguna medida sobrevendrá. Empezando por el público, que está demandando paquetes turísticos a toda velocidad, en un fenómeno que los conocedores de la industria describen como de “compra adelantada”. Quienes ya tienen tomada la decisión de viajar el año próximo, no esperan para adquirir sus pasajes. Lo hacen ahora, por temor a que cambien las condiciones de precio o se restrinja el financiamiento. Así las cosas, los directivos de agencias manifiestan que se encuentran trabajando como nunca antes. “Nosotros estamos en un nivel muy alto de actividad. Y quedó claro que, hasta ahora, las restricciones no nos han perjudicado en lo más mínimo, como el recargo del 20% para las compras de paquetes”, señala el directivo de una agencia de viajes, que pidió no ser mencionado. Lo cierto es que sus afirmaciones quedan corroboradas de manera contundente por las estadísticas del Indec, que muestran que la cantidad de personas que deciden viajar al exterior por avión se incrementó en más del 50% desde que se implementara el cepo cambiario y, más tarde, las restricciones impositivas. Incluso, esta cifra aumenta trimestre a trimestre, en la medida en que el atraso cambiario va haciendo más atractivo el costo de vacacionar fuera del país. Y, además, por el componente extra, producto del “temor pre-electoral”. En este contexto, por más que el Gobierno se empeñe en despejar inquietudes, este comportamiento del público empeora la sangría de divisas de las arcas del Banco Central. Así las cosas, se estima que este año se llegaría a un déficit por turismo de más de u$s7.000 millones, con posibilidades incluso de superar el rojo energético. La cifra impresiona aun más si se tiene en cuenta que hasta hace dos años, según datos del Banco Central, la actividad turística no sólo no sacrificaba reservas sino que genera ingresos para el país. En ese entonces, había un saldo positivo de u$s1.000 millones promedio.

Diagnóstico lapidario

Con este cuadro, el diagnóstico no deja lugar a demasiada discusión. Y tanto oficialistas como opositores aseguran que, evidentemente, algo el Gobierno debe hacer para frenar la sangría de dólares. “Resulta difícil entender por qué sigue jugando con fuego y arriesga el nivel de reservas para financiar la cuenta de turismo”, argumenta Facundo Martínez, analista de MyS Consultores. Los reportes de esta consultora, dirigida por Carlos Melconian, dan como un hecho que se establecerá algún tipo de restricción adicional luego de las elecciones de octubre. El mismo pronóstico hace Mariano Lamothe, economista jefe de la consultora Abeceb: “Creo que si hay cambios económicos luego de las legislativas, van a venir por el lado del turismo. El Gobierno va a preferir tomar medidas en este aspecto antes que otras más generales, como un desdoblamiento del tipo de cambio”. En la misma línea, desde Econviews aseguran que el encarecimiento del “dólar turista” después de octubre es “casi cantado”, dado el acelerado ritmo al que están disminuyendo las reservas del Central. Incluso, desde la vereda de los economistas más afines al kirchnerismo se insinúa que hay que pensar en medidas de este tipo, dado que la masiva salida de divisas por turismo viene a ser un efecto colateral de la política de contención del dólar. Así lo expresa un artículo de investigadores del Centro de Estudios Económicos de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo quienes, tras apoyar la decisión de no devaluar el peso, reconocen “el impacto del tipo de cambio sobre los flujos de turismo”.

Antecedentes poco auspiciosos

En este contexto, el gremio de los economistas considera que el costo de financiar el turismo -con escasez de dólares- llegó a un punto tal que el Gobierno no puede permanecer indiferente. Pero el punto en el que no hay tanto consenso es qué debe hacer exactamente, porque si hay algo que dejó en claro la historia reciente, es que, en este tema, al Ejecutivo “el tiro le salió por la culata”. Todos los antecedentes demuestran que las restricciones aplicadas sobre la actividad para evitar la fuga de divisas, más que frenarla, llevaron la salida a un “récord histórico”.  Cuando en agosto de 2012 se estableció el recargo del 15% a las compras con tarjeta, del millón de personas promedio que solían viajar se pasó nada menos que a un millón y medio (verano 2013). Ante esta situación y para reducir la salida de billetes, el Gobierno decidió -previo a Semana Santa- elevar dicho recargo a un 20% y, además, extenderlo a la compra de pasajes y estadías. Esta medida tampoco generó los resultados que el Ejecutivo esperaba.  Esto se puede confirmar en el balance cambiario que presentó el Banco Central: la salida de dólares aumentó un contundente 60% entre abril y junio de 2013 (u$s2.260 millones) respecto del mismo trimestre del año previo. Ya en ese momento abundaban los pronósticos escépticos. Como el de Eduardo Levy Yeyati, docente de la universidad Di Tella y ex banquero de inversión, quien decía: “Anticipo: en los próximos 12 meses el impuesto a la compa en dólares volverá a subir. Después no digan que no les avisé”. En tanto, Diana Mondino, docente de la Ucema advertía: “Los argentinos dejarán de consumir otras cosas para poder irse de viaje. Es un análisis muy primitivo el que hace el Gobierno”. “Para quienes viajan al exterior la cuenta es fácil: aun con el recargo del 20%, el precio de cada dólar gastado afuera con tarjeta termina siendo al menos 30% más barato que un blue”, afirmaban desde Abeceb.

El peligro se llama “blue”

El actual menú de medidas que se debate para limitar la salida de dólares, tanto dentro como fuera del Gobierno, incluye varias posibilidades: Aumentar el recargo solo a consumos en el exterior con tarjetas. Ampliar ese aumento también a pasajes y reservas hoteleras, llevándolo del 20% a un 40%. Realizar un desdoblamiento cambiario y establecer un “dólar turista”. La sensación que predomina entre los analistas es que lo más probable que ocurra es que el Gobierno evite el desdoblamiento cambiario y vaya por las dos primeras opciones. Economistas que comulgan con el pensamiento kirchnerista sostienen que es preferible atender el déficit con medidas puntuales, como “la elevación del dólar tarjeta” y no pensar en una devaluación “que beneficia a sectores exportadores, que ya gozan de elevada rentabilidad”. El gran tema que surge ante esta situación es si, esta vez, el Gobierno tendrá éxito en frenar la salida de divisas. En principio, un encarecimiento de otro 20% podría suponer un disuasivo para quienes sólo cuentan con moneda nacional para financiar sus viajes. Pero el dato clave es el blue: mientras la brecha respecto del tipo de cambio oficial -o del nuevo dólar turista- siga ensanchándose, el costo relativo de viajar al exterior seguirá bajando. Si el viajero tenía dólares guardados en el colchón y puede venderlos en el mercado informal, se encontrará con que, incluso después de aplicado el recargo, el turismo externo sigue siendo barato. Así lo explicó Alejandro Cámera de la agencia Tours and Travel: “La brecha es muy grande entre el oficial y el paralelo y por eso los recargos no influyen demasiado en los que viajan”. De manera que el éxito de una iniciativa restrictiva dependerá, en buena medida, de que el blue no se dispare inmediatamente después de anunciado un nuevo “dólar turista”. Algo en lo que los analistas no ponen muchas esperanzas, dados los antecedentes y el propio comportamiento alcista del billete informal de las últimas semanas. Es así que para el economista Federico Muñoz, de aumentarse el recargo en los servicios turísticos o las compras en el exterior, “se frenaría la salida de la divisas por un tiempo hasta que, nuevamente, la brecha cambiaria aumente y eso incentive salir al exterior”. También Martínez, de M&S Consultores, cree que, aunque el encarecimiento en pesos de los paquetes turísticos podría darle un alivio temporario al Gobierno, en poco tiempo se revelaría como insuficiente. “El desequilibrio es mayúsculo y la tendencia es preocupante”, advierte el analista, quien es de los que cree que los pronósticos sobre el nivel de reservas de los próximos dos años deberán ser revisados drásticamente a la baja, si no se aplica un plan integral para frenar la fuga.

Una historia ya conocida

En principio, los economistas tienden a ser escépticos sobre la posibilidad real que tiene el Gobierno para frenar el turismo. A fin de cuentas, como demuestra la historia, la salida masiva de argentinos a vacacionar estuvo ligada a períodos de grandes atrasos cambiarios y se frenó únicamente cuando hubo una devaluación. Así pasó con la tablita de los ‘70 y con la convertibilidad de fines de los ‘90. En ambos casos, como en este momento, se batió el récord histórico de turismo externo. Del mismo modo al que ahora lo hace Cristina Kirchner, los gobiernos mostraban esos números como un motivo de festejo. Pero todos saben cómo terminaron esas experiencias. Por eso, la cara oculta del récord turístico preocupa a todos. Incluyendo al Ejecutivo, que no puede disimular su temor al ver cómo caen día a día las reservas.

Fuente: I Profesional

Un estudio indica que en Argentina “el acceso a las élites económicas” es “cada vez más restringido”

Esta coyuntura se da debido a que el Estado continúa ubicándose como una de las principales fuentes de acumulación para los capitalistas que actúan en el medio local, ya sea en su rol de contratista, comprador o por la transferencia de recursos públicos. En el País solo el 2% de las mujeres integran las élites políticas y económicas. Las sociólogas Ana Castellani y Mariana Heredia señalan que este sector, a diferencia de la élite política, está cada vez está más cerrado a las clases medias: el 87,5% de los propietarios de empresas son hijos de empresarios. Las transformaciones sociales de fin de siglo colocaron a la categoría “clase social” en una encrucijada, al punto de que hoy ciertos investigadores la consideran un término obsoleto y otros se esfuerzan por ajustar su definición. En paralelo, al menos en el sentido común de muchos argentinos, los prejuicios sobre las clases mantienen una inusual vigencia, como si se tratara de grupos estáticos en el tiempo, con atributos morales específicos: los sectores populares son buenos y padecen o son naturalmente violentos y agresivos; la clase alta argentina es la misma oligarquía de los años veinte o son empresarios que toman riesgos y se sacrifican por el país. Las ciencias sociales y el Estado han investigado en detalle a los pobres, su composición, el modo en que se vieron afectados por cada crisis. En cambio, muy poco se ha estudiado a los grupos que controlan los resortes del poder social, económico, político y cultural en el país.

Las investigadoras del CONICET, Ana Castellani y Mariana Heredia se propusieron romper esa barrera y encararon junto a otros colegas, un proyecto de investigación en el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín, dedicado a reconstruir el perfil y las trayectorias del conjunto de individuos que componen las élites políticas y económicas, desde 1976 hasta la actualidad. Los resultados preliminares para el período 1976-2001, muestran que, al menos en las jurisdicciones modernas, las élites políticas siguen relativamente abiertas para quienes no detentan una posición familiar de privilegio, pero que, en paralelo, el acceso a las élites económicas, se fue volviendo cada vez más restringido: a mediados de los años setenta, el 60% de las personas que ocupaban una posición de élite económica eran hijos de empresarios; en los años noventa, esta cifra ascendió al 80 por ciento.

La palabra élite es una noción ambigua. En los países donde se apela a ese concepto, como en Francia, se lo suele utilizar para hablar, al mismo tiempo, de los grandes empresarios, las familias ricas, y los funcionarios de Estado. En esos casos, se supone, existe cierta convergencia, familiaridad, entre la dirigencia política y quienes manejan los resortes de la economía. La pregunta por esa relación en la Argentina fue el punto de partida de esta investigación.

“Argentina se caracterizó por tener una élite económica mucho más permeable que Brasil, Chile, Uruguay, o incluso Francia. En esos países, las élites son mucho más cerradas, uno constata familias que se reproducen, todos conocen ciertos apellidos. En Argentina, hasta los ochenta, no era extraño encontrar personas que provenían de clases medias y bajas. Esto se ve cada vez menos. El 87,5% de los propietarios de empresas son hijos de empresarios. Pero según nuestra definición, la élite económica no está sólo compuesta por los dueños de las empresas, sino que introduce a los dirigentes corporativos que no son propietarios, a los gerentes de alto rango y los directivos de corporaciones del empresariado. Los sectores medios con cierta educación, cada vez más alta, sí llegan a ocupar esos puestos. Es decir, hoy es difícil que desde las clases medias alguien pueda convertirse en  propietario de una empresa grande, pero no que la llegue a dirigir”, explicó a Tiempo Castellani.

“No se ve lo mismo en el caso de la élite política. En distritos como Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, hay una mayor apertura. Los partidos en general, y el peronismo en particular, se nutren de militantes y personas comprometidas con lo público, que pueden provenir, por ejemplo, del mundo de la farándula o de las ONG. No hay tantas familias políticas y no necesariamente tienen un capital económico elevado. El cierre es más claro en otras provincias, donde el peso del origen social es más fuerte y existe una relación estrecha entre los políticos y los hombres de negocios. Por supuesto, clausura y apertura son siempre términos relativos. Argentina está en una posición intermedia”, agregó Heredia.

Junto a esos cambios, el trabajo registra algunas continuidades. Los empresarios consideran fundamental tener una agenda amplia de contactos porque, en muchos casos, sus ganancias reposan, desde la última dictadura hasta la actualidad, en el vínculo estratégico con lo estatal. Es decir, el Estado continúa ubicándose como una de las principales fuentes de acumulación para los capitalistas que actúan en el medio local, ya sea en su rol de contratista, comprador o por la transferencia de recursos públicos.

Tal vez eso explique por qué, a diferencia de lo que sucede en Nueva York o Santiago de Chile, las élites económicas en Buenos Aires no despliegan abiertamente su patrimonio, ni dan notas en la prensa, ni se sienten con el derecho a dar “lecciones” al resto de los ciudadanos. En consonancia, no existe sobre ellas un discurso enaltecedor, ni se las dota de honorabilidad, sino que se las tiende a condenar o a tratar con recelo. En Argentina, indican las investigadoras, las élites económicas están fuertemente asociadas a mecanismos espurios de acumulación de riqueza, aunque no esté claro que estos mecanismos sean más generalizados que en otros países. La sospecha se sustenta además en la histórica autopercepción de Argentina como un país de clases medias y el recelo de la mayoría hacia quienes se distinguen por tener más riqueza o más poder. Por todo ello, los grandes empresarios tienden a eludir la visibilidad pública y a elegir la discreción de los clubes selectos y las oficinas ministeriales.

Pero no se trata sólo de un vínculo estrecho con el Estado. En muchos casos, las investigadoras prefieren hablar de una “colonización del aparato estatal” por parte de las élites económicas. Esto se expresa, por ejemplo, en el ejercicio de cargos públicos. La muestra señala que la mitad de los dirigentes corporativos y el 60% de los presidentes de las empresas fueron, en algún momento, funcionarios.

“El Estado sigue siendo el gran actor en términos económicos y cuanto más intervencionista es la orientación, más margen tienen para operar. El caso argentino es distintivo, además, porque hay una disputa sobre el modelo de desarrollo al interior del empresariado, y entre el empresariado y otros sectores. ¿Cuál es el modelo de desarrollo que debería seguir la Argentina? ¿Es el primario-exportador, agroindustrial, industrial innovador, con o sin protección del mercado interno, centrado en las pequeñas y medianas empresas, en las grandes? Hay un montón de controversias dentro de la propia élite económica y de la élite política, que te da una variabilidad de alianzas increíbles. Como además no está reglamentado el lobby, aunque existe y es muchísimo, los empresarios mantienen una actividad política intensa para participar de las corporaciones, ampliar la red con otros sectores del empresariado, del Estado, y colocar personas en resortes claves del aparato estatal. Es un juego político muy inestable sobre una orientación de horizonte incierta”, indica Castellani.

 

–¿Hoy la élite económica mantiene ese nivel de colonización estatal?

–AC: No tenemos analizados los datos del período post 2001, pero creo intuitivamente, que se les ha cerrado el acceso a cargos en áreas de gestión económica. En los últimos años, hubo un desembarco de economistas heterodoxos que generó un cambio de las reglas para la élite económica y las llevó a reactivar la acción política por el lado de las corporaciones tradicionales o de los grupos más informales como AEA. El hecho de que Mercedes Marcó del Pont ocupe el Banco Central es inédito. Ahí no hay canal de comunicación posible. No es por ella, sino por lo que ella expresa y con el personal con el que desembarcan en el Banco Central. Les genera una extrañeza total. No es lo mismo que sucedía con Alfonso Prat Gay o Martín Redrado. Con ellos, había flujos de información, espacios sociales e intereses compartidos.

–¿Se puede hablar de un enfrentamiento entre élite política y económica?

M.H: –Es indudable que uno de los mayores conflictos de la década fue en 2008 con las dirigencias del sector agropecuario. Pero también es innegable que fueron años en los que mucha gente hizo muy buenos negocios. La respuesta supone complejidades. Al menos hasta 2007, se observa cierta disminución de las desigualdades sociales, pero hubo también mucha prosperidad en sectores medios altos y altos.

AC: –No es una década que les haya afectado los márgenes de utilidad. Los balances de las 200 firmas más grandes que operan en el país muestran niveles de rentabilidad superiores a los de los años noventa. En términos estructurales, la cúpula empresarial no presenta grandes transformaciones. En estos años se profundizaron todos los rasgos que venían del noventa: concentración, extranjerización, mismo perfil sectorial. Pero esta es una década que les ha afectado las pautas de interrelación con el sector público. El gobierno empezó a reclamar una dosis mayor de autonomía para la gestión económica. Se abandonaron estrategias y articulaciones: hoy los espacios de diálogos formales e informales están muy reducidos. Si los empresarios se guiaran por una cuestión de frío cálculo racional tendrían que decir que este es su mejor período. Pero lo paradójico es que esto se logra aplicando políticas económicas que ellos jamás propiciarían. Porque están convencidos de que la macroeconomía debe tener una orientación ortodoxa, están convencidos de la apertura, la desregulación, de que la injerencia estatal debe ser mínima. La convicción es liberal.

–¿Pero hoy las élites económicas tienen igual incidencia en los lineamientos macroeconómicos?

AC: –La incidencia sigue siendo de carácter estructural. Dejan de invertir, fugan capitales y te tratan de torcer el brazo. Ahí hay una pulseada clara con este gobierno que intenta avanzar sobre ámbitos de decisión empresaria intolerables para los capitalistas. Hay que tener en cuenta que los niveles de acción del empresariado son múltiples. Para los obreros, sólo hay una forma de acción posible, la acción colectiva. Los empresarios tienen muchas: invertir o no, sacar plata, generar puestos de trabajo, diversificarse, presionar a través de las corporaciones, hacer lobby.

MH: –El apoyo empresario puede pasar por valorar públicamente algunas medidas o por traer capitales del exterior. Y no necesariamente van juntas. En los noventa, los empresarios nacionales iban a todos los actos, pero vendían empresas y fugaban divisas. En 2005, en cambio, encontrás un discurso más crispado, pero inversiones consistentes. De todos modos, hay una práctica recurrente que es una gran desconfianza por el Estado y un cortoplacismo generalizado.

–¿Hay reinversión en investigación y desarrollo?

MH: –No hay un gen que lo hace al empresario especulativo o perezoso. Hay historias que sedimentan en algunas prácticas. El INTA fue central en la tecnologización del campo, pero ¿eso fue bueno o malo? Probablemente las dos cosas.

AC: –Hacer innovación de punta requiere la conformación de un sistema científico tecnológico que, aunque se ha avanzado, aún no tenemos. De todos modos, existe una tendencia de larga data a invertir en los activos financieros y que esos activos financieros se dolaricen. Es muy difícil sostener modelos estructurales si no hay un cambio en este tipo de conductas.

–¿Qué tipo de intervención estatal es necesaria para modificar esas conductas?

AC: –Primero hay que consensuar el modelo. En este período no se trabajó en la construcción de un consenso entre los actores económicos. Al empresariado, el disciplinamiento estatal siempre le genera desconfianza. Igual no está mal preguntarse si a ellos les conviene la estabilidad macroeconómica y una mayor coherencia en la intervención estatal, o no.

MH: –A río revuelto ganancia de pescadores: quienes buscan ganancias extraordinarias, tienen grandes oportunidades en tiempos de crisis. Pero cuando el riesgo es alto también puede acarrear grandes pérdidas. El desafío es que el empresariado comprenda que la intervención estatal es un mecanismo necesario para que un proyecto se cristalice y se sostenga. Y parte de la fuerza de las elites está en la incapacidad de las políticas públicas de establecer diferenciaciones: es lo mismo para el que quiere comprar 100 dólares que para el que quiere fugar millones.

–¿Cuánto influye la corrupción en esa desconfianza?

AC: –La corrupción es un fenómeno relacional. No está instituida solo en el sector público. En el imaginario, el Estado aparece como el único responsable de la corrupción. Pero si hay prácticas de corrupción durante 40 años, se trata de un fenómeno estructural que atraviesa diversos gobiernos e involucra al menos dos actores.

MH: –Muchas veces la denuncia contra la corrupción se instala en el debate electoral como el gran problema de la relación entre el Estado y las elites. No hay ningún indicador confiable que muestre que la Argentina tiene índices más altos de corrupción que sus vecinos. Pero sí hay evidencias claras de que a la Argentina le cuesta mucho más mantener un modelo de desarrollo con continuidad. El riesgo es que se reproduzca la discusión de la campaña de 1999, donde en lugar de discutir sobre el modelo de país se instala que la culpa de todo la tiene la corrupción y que todo se soluciona con honestidad.

–¿Cómo pactar las bases de un modelo de desarrollo a largo plazo?

AC: –Si se quiere consolidar una senda, tenés que llamar a un debate público y que cada sector muestre las cartas sobre el modelo que quiere propiciar, con qué objetivos y qué lineamientos. Y ahí se va a poder ver el grado de fragmentación que hay en torno a cuál tiene que ser el modelo a alcanzar. En los sectores dominantes no hay consenso sobre esta cuestión. Ni con los chicos. Ni los grandes entre sí. Hoy la exportación industrial de origen agropecuario es muy alta, la exportación industrial de origen no agropecuario también es muy alta, pero de escaso valor agregado y con alto componente importado. ¿Hay que profundizar la sustitución de importaciones en todos los casilleros que faltan? ¿Sólo en algunos casos? ¿Vas por la aprobación de las exportaciones? ¿Por las dos cosas? ¿Vamos por la exportación de commodities y todo lo que falta se importa y las divisas se obtienen del financiamiento internacional barato? Los modelos de discusión hoy son  antagónicos. Hay que dar el debate para que quede explicitado qué propone cada actor.

MH: –La discusión no debería limitarse sólo al sostén del crecimiento, sino a la organización social que acompaña los distintos modelos económicos. Hoy la pregunta fundamental no es por el crecimiento sino por el desarrollo. ¿Con qué recursos? ¿Con qué horizontes y qué costos? ¿Qué tipo de mano de obra compromete? Algo se avanzó en estos años, pero con el recelo de parte de la sociedad argentina. La soja emplea un porcentaje muy pequeño de la población. ¿Y con el resto qué hacemos, asistencialismo? La sociedad debe comprender que hay una discusión pendiente. No sé hasta qué punto las elites políticas son conscientes de la necesidad de ese plan y de un Estado eficaz que le de sustento. «

 

 

derribando mitos sobre la oligarquía nacional

A pesar de la insistencia en el discurso público de la noción de “oligarquía”, un estudio de las mismas investigadoras sobre los multimillonarios argentinos muestra la importancia de los descendientes de inmigrantes y, por lo tanto, el menor peso de miembros de las clases altas tradicionales.

 

Los grandes apellidos, indican Castellani y Heredia, constituyen un número “insignificante” en el listado de los 130 dueños y dirigentes de empresa que comandaron las 90 compañías más importantes del país entre 1976 y 2001.

 

Además, aunque se tiende a asociar la “oligarquía” a las actividades agropecuarias, los hombres de negocio más prósperos son también los más diversificados. Hay una actividad económica de partida, pero luego se expanden a otras, tanto sobre el escenario local e internacional.

El predominio de la gestión familiar de los negocios en las empresas argentinas de todo tamaño resulta “abrumador” y da cuenta de sus virtudes, aún en el capitalismo globalizado. Si bien es posible identificar ricos estructurales y nuevos ricos, el debilitamiento de los primeros y las cuantiosas redes que los vinculan con los segundos propician cierta disolución de las diferencias así como el encuentro y el intercambio entre ambos en los espacios reservados a las élites económicas.

A pesar de que es corriente la impugnación a los ricos, ese gesto plebeyo no ha impedido que las desigualdades perduren y hasta se agudicen, indican. “Es en la transparencia y eficacia de las regulaciones impositivas, laborales, distributivas, donde el dilema sobre la moralidad de la riqueza puede dar paso a pautas más explícitas y legítimas de distribución y reconocimiento”.

 

 

hombres, porteños, más modernos y formados

Si bien se suele asociar a la élite económica con valores tradicionales, el trabajo de las investigadoras muestra una presencia cada vez mayor de divorciados y solteros en la élite, y un menor peso de la religión: sólo un 23% se manifestó católico a principios de los años 2000. El estudio muestra también que, más allá de la extranjerización de la economía, el 80% de la élite económica sigue siendo argentina, sobre todo, de la Ciudad de Buenos Aires.

“En un país con inestabilidad macroeconómica, y una articulación positiva con lo público, las empresas buscan que en la dirección haya personas con una amplia red de contactos, que les permita obtener facilidades y acumulación. Esto permite que las empresas transnacionales prefieran contratar un CEO de origen argentino, tanto por su know how de la política local como por las redes tejidas con el Estado, el sector corporativo y el mundo empresarial en general”, explica Castellani.

Junto a esta modernización, la élite económica argentina vivió cierta internacionalización, al menos en lo que respecta a su educación formal. Las élites no sólo son más educadas que en el pasado –la cantidad de universitarios graduados alcanzaba el 48% en 1976 y el 70% en 2001– sino que continúan sus estudios de posgrado casi en su totalidad en el exterior.

En paralelo, se observa un menor peso de las universidades públicas en detrimento de las universidades privadas de orientación católica: en los noventa sólo un 58% de los miembros de la élite económica provenía de las universidades estatales, cuando en los setenta, esa cifra ascendía al 73 por ciento.

Otro dato es que, si bien los ingenieros siguen siendo predominantes, los economistas han ido desplazando a los abogados. Los militares, que en los años setenta representaban al 7%, hoy no cuentan casi con ninguna representación.

“Las élites se han privatizado y sobre todo en áreas como economía, derecho, ingenierías. Se expandieron las universidades privadas y se expandió el número de graduados. Esto no significa, sin embargo, que los egresados de las universidades nacionales no puedan competir en igualdad de condiciones. Las grandes empresas reclutan también en las públicas. No necesariamente se da una asociación tan lineal entre universidades de élites, cargos de élites”, señala Castellani.

“El boom de las universidades de élites, Di Tella, San Andrés, Austral, es reciente, recién veremos los efectos en el 2020”, agrega Heredia.

Finalmente, el estudio muestra que el mundo del poder sigue siendo predominantemente masculino: sólo el 2% de las élites políticas y económicas son mujeres.

 

 

 

Quién es quién

Los hermanos Alejandro y Carlos Bulgheroni, dueños de un porcentaje de la segunda petrolera más grande del país, Pan American Energy, son herederos del grupo económico Bridas fundado por su padre. En los ’90, se expandieron en el mercado local gracias a la desregulación y privatización petrolera. En 1997 fusionaron la empresa con el gigante estadounidense Amoco, que un año más tarde se uniría a la británica British Petroleum.

Paolo Rocca es un ingeniero de tercera generación, que preside el Grupo Techint, compuesto por empresas como Terniun y Tenaris. Hasta los ’70, la expansión del conglomerado tuvo lugar gracias a su rol privilegiado de proveedor, cliente y contratista de diversas empresas y reparticiones estatales. La reinversión de una parte de las utilidades en investigación y desarrollo permitieron que se inserte en el mercado mundial. Activa participación política.

Eduardo Eurnekian es presidente de Corporación América, un grupo diversificado que tiene negocios, principalmente, en la administración de los aeropuertos del país, concesión de rutas, energía, vinos y biodiesel. A mediados de los ’80, también incursionó en el negocio de los medios de comunicación. Tras la crisis de 2001, se concentró en una estrategia de internacionalización.

Gregorio Pérez Companc es un católico practicante, vinculado al Opus Dei, descendiente de una familia relativamente tradicional de la Argentina. Está casado con una descendiente de apellido ilustre, María de Carmen Sundblad Beccar Varela, con quien tuvo ocho hijos. La expansión del emporio se dio durante la dictadura por una fuerte articulación con las empresas y reparticiones del Estado como contratista y proveedor.

Inés de Lafuente Lacroze, una de las únicas mujeres de la élite económica, es hija de Amalita, quien heredó la fortuna de Alfredo Fortabat, el dueño de la principal cementera del país: Loma Negra. Su madre fue defensora de las políticas de reforma estructural de los noventa y lideró una estrategia de activa participación en el proceso de privatizaciones. En Forbes señalan que Inés prefiere la vida familiar y la filantropía a los negocios.

Fuente. Diario Tiempo Argentino

Bolivia es el único país que llevó a la quiebra a McDonals

Local de McDonalds en Bolivia.

El secreto de Mc Donalds seguirá sin desvelarse en Bolivia, el único país del mundo donde la cadena americana tuvo que cerrar todos sus restaurantes. Un documental intenta ahora explicar por qué. Solo un país fue el que logro resistir durante años el acoso del imperio de la hamburguesa, hasta que consiguió convencer a los responsables de este ejército de comida rápida que, al menos en aquella esquina del mundo, la batalla estaba perdida. Y no fue por falta de interés. Durante cinco años, entre 1997 y 2002, McDonalds hizo lo imposible por adaptarse a los gustos del consumidor boliviano, aún a riesgo de adulterar su imagen internacional, la misma en Tokio o en Buenos Aires, en Moscú o en Ciudad del Cabo. De esta manera, incorporó a sus menús la llajwa, la salsa con la que los clientes de aquel país aderezan sus platos, y acompañó a los clientes con las melodías folclóricas más pegadizas.Pero ni de ese modo. Después de un lapso de insatisfactorios resultados económicos, la casa norteamericana de hamburguesas decidió cerrar los ocho restaurantes que había abierto en las tres principales ciudades del país, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. No lo volvió a intentar. Tampoco en ningún otro punto del planeta se había visto antes en esta posición. ¿Por qué los consumidores bolivianos dieron la espalda a las que, para el resto del planeta, son unas irresistibles hamburguesas? ¿Por qué la empanada, el plato típico del país, ha derrotado a tan poderoso enemigo? Ahora un documental que lleva por título “¿Por qué quebró McDonald´s en Bolivia?” se pregunta los motivos de este rechazo, quizás para lograr repetir esta situación en algún otro punto del mundo. El documental incluye entrevistas a cocineros, historiadores, nutricionistas y sociólogos,  además de al que fuera responsable de la franquicia de McDonald”s en Bolivia, Roberto Udler. Todos ellos parten de una premisa básica: la explicación no está en el producto en sí, del que muchos de ellos no dudan en destacar su sabor y que es el mismo que en cualquier otro restaurante de la cadena, sino en la mentalidad de los consumidores bolivianos. Los expertos creen que la explicación hay que buscarla en el apego de lo bolivianos no sólo a los productos de la tierra, sino a una mentalidad que sigue dando especial valor a los platos que tienen tras de sí muchas horas de cocina a fuego lento.

Fuente: Diario Registrado

La ZICOSUR sesionará por primera vez en Catamarca

La Zicosur se reunirá en Catamarca

La mesa ejecutiva de la Zona de Integración del Centro Oeste de América del Sur(ZICOSUR), deliberará por primera vez en esta capital el próximo mes de julio, donde se analizarán tópicos como “transito fronterizo”, “normas fitosanitarias”, “comercio de agroalimentos”, “cadenas productivas” y “comercialización integrada”, entre otros. En la última reunión de la Comisión Agropecuaria y Alimentaria, de la que participaron la mayoría de estados miembros de Zicosur, quedó establecida una agenda de temas que tendrán continuidad de análisis en la próxima reunión de julio en Catamarca. El secretario de Planeamiento del gobierno de Corrientes, Sebastián Slobayen, expresó que “también estarán presentes los representantes de la Comisión de Producción y Comercio, como una forma de abordar no sólo cuestiones relativas al tránsito fronterizo y normas fitosanitarias que regulan el comercio de agroalimentos, sino a las cadenas productivas y de comercialización en forma integrada”, informaron medios locales. Al revelar detalles de la agenda de temas acordados por la comisión y que serán motivo de las próximas reuniones, Slobayen señaló como una de las cuestiones centrales la identificación de los productos y de los organismos de cada estado miembro que los regulan, para detectar los inconvenientes que generan contratiempos al libre flujo del comercio. “Una vez que tengamos esta tipificación, se podrá establecer una agenda de trabajo más detallada, con compromisos de las contrapartes que comercian esos productos, para que luego nos permitan avanzar hacia acuerdos que faciliten ese tránsito entre los estados”, explicó el funcionario correntino.

Fuente: Agencia de Noticias Télam

Perú fue declarado libre de fiebre aftosa y peste equina

La fiebre aftosa y peste equina son enfermedades animales altamente contagiosas

Certificación fue dado durante la 81ª Sesión General de la OIE que se realiza en París (Francia). El ministro de Agricultura, Milton von Hesse, informó que el Perú fue reconocido hoy por la Organización Internacional de Sanidad Animal (OIE) como país libre de la fiebre aftosa y de peste equina, lo que se ha logrado como parte de la política de apertura de nuevos mercados y la mejora de los ingresos de los pequeños productores ganaderos. La certificación como país libre de esas enfermedades fue entregada durante la 81ª Sesión General de la OIE que se realiza en París (Francia), y las resoluciones con dichos reconocimientos fueron evaluadas y aprobadas por la Comisión Científica de la OIE para las enfermedades de animales. La fiebre aftosa es una enfermedad animal altamente contagiosa, producida por un virus que tiene efectos económicos devastadores en la ganadería y en productos derivados como queso y leche. En tanto, la peste equina es una enfermedad vírica muy grave y contagiosa que daña con severidad a los equinos, ocasionando serios problemas pulmonares o cardíacos.

Fuente: Diario La República (Perú)

El Aeropuerto de Santiago se apresta para recibir en 2014 a dieciséis millones de pasajeros al año

Las obras comienzan a mediados de junio. Una de las novedades será el espacio destinado sólo a restaurantes y más tiendas de marca. Cuando el Aeropuerto de Santiago se inauguró en 1967, podía recibir hasta seis millones de pasajeros al año. Pero el tráfico aéreo local creció y este antiguo espacio que contaba con un balcón para que las personas salieran a agitar pañuelos y despedir a sus seres queridos,  quedó obsoleto.  A principios de los 90 el gobierno de Patricio Aylwin decidió renovar la infraestructura: en 1994 se inauguró una nueva terminal para vuelos internacionales y siete años después se sumó el ala que operaba vuelos nacionales. Así, el actual edificio de Arturo Merino Benítez quedó listo en 2000, luego de ser ejecutado por la concesionaria SCL. El nuevo espacio fue pensado para que  transitaran 10 millones de personas al año por ahí, pero con el tiempo la capacidad se vio superada. Sólo el año pasado circularon por Arturo Merino Benítez (AMB) 14 millones de pasajeros y los atochamientos en fechas peak lo hicieron colapsar. Es por eso que a mediados de 2011 se pensó en otra ampliación más -contemplada en la Fase 1 de crecimiento total de la terminal- que permitiera expandir la capacidad tanto del ala nacional como de la internacional. De las 10 millones de personas que llegan hasta ahí cada año debía pasar a 16.

Espacios inéditos

La Fase 1 fue elaborada por el Ministerio de Obras Públicas y SCL. Además de hacer crecer el espacio en 7.700 m2 (la superficie del todo el Centro Cultural Palacio La Moneda) el plan reordenará los espacios existentes en los tres niveles del edificio. Por ejemplo, en el tercer piso de la rotonda poniente (ver infografía), se habilitará un bulevar gastronómico, es decir, una zona donde habrá restaurantes de primer nivel. Algo con lo que hoy no cuenta el ala internacional del aeropuerto.  Cerca de estos, además, se instalarán tiendas comerciales exclusivas, pues hasta hoy existen sólo locales de duty free, souvenirs y artesanía fina. El nombre de las que llegarán está aún en  proceso de negociación.  El diseño de esa zona estuvo a cargo de Grupo Arquitectos y según explica SCL,  será una zona moderna y contemporánea basada en el  estándar arquitectónico  internacional de aeropuertos europeos.  Respecto de la ampliación destinados a ofrecer un servicio más eficiente a los pasajeros (más casetas de control policial para la salida y más para inmigración, además de mayor cantidad de cintas de equipaje) la ministra del MOP, Loreto Silva, explica que “se priorizaron los sectores neurálgicos del aeropuerto”. Las modificaciones se verán reflejadas en zonas más espaciosas tanto en el ala de vuelos locales como los que van al extranjero.  Mientras en el ala nacional se extenderá la losa del tercer piso de la rotonda (cubrirá el espacio desde donde se puede observar la escultura con maletas) para dar mejor acceso a las salas de embarque, en el ala internacional el sector que ocupa hoy Policía Internacional se ampliará hacia las tiendas que están  en su acceso y esos espacios comerciales serán trasladados. Sumando todos los arreglos, las casetas de control de emigración pasarán de 24 a 36, las cintas de retiro de equipaje de nueve a 12, los puntos de control de equipaje de mano de cinco a siete y las nacionales de cinco a seis. Los puntos de control aduanero del SAG, en tanto, crecerán de seis a 10. Otro de los cambios será la construcción de  una sala de embarque remoto, un lugar donde se abordarán buses que conducirán hasta los aviones ubicados en la losa.  También se mejorará el sistema interno de transporte de maletas desde los counters hasta los aviones. El Baggage Handling System aumentará su capacidad de 650 maletas por hora a 798. Todos los trabajos se desarrollarán en paralelo durante 12 meses, pero algunos estarán listos durante 2013. Para evitar que esas obras provoquen mayor congestión, el gerente general de SCL, Alfonso Lacámara,  asegura que se desarrollará un plan de contingencia especial. “Vamos a reforzar el personal de operaciones para que orienten al pasajero. Eso, además de varias medidas como el incremento de personas que atiendan público y servicio guardias”, asegura.

Fuente: La Tercera (Chile)