El lado oscuro de la quinua

La quinua es un alimento representativo

Después que la ONU declaró el Año Internacional de la Quinua, considerada como el “grano de oro” más nutritivo de los Andes y como el mejor alimento para combatir el hambre del mundo, el presidente Evo Morales, nombrado “Embajador Especial de la Quinua para el Mundo”, hizo gala de su elocuencia y carisma para resaltar el hecho de que la quinua es boliviana y un aporte para el orbe. Casi 6.000 productores cultivan quinua en diez municipios del Altiplano Sur y generan un ingreso familiar promedio de entre 6.800 y 40.000 bolivianos al año por un cultivo que aumentó de 28.809 toneladas en 2007 a las 92.000 hectáreas que se siembran en 2012. En Oruro y Potosí hay 134.010 hectáreas cultivadas y 53.000 en descanso. El precio de venta se incrementó en un 300% en el último quinquenio. El primer rasgo oscuro en realidad no es de la quinua, pero sí de su tratamiento para hacerla comestible para el humano, es decir, el lavado de la saponina, un agregado amargo en la cáscara de los granos de quinua. Para estar lista para el consumo humano, la quinua tiene que ser lavada previamente. Las plantas que lavan el grano de quinua son 62 en el país, de las cuales 16% son artesanales, 27% semiindustriales y 57% industriales. El 35% de estas procesadoras está en el departamento de Oruro. Lo que pasa es que el lavado, al desprender la saponina que cubre cada grano de quinua, supone el uso de grandes volúmenes de agua que no es reciclada y no se vuelve a usar, lo cual incrementa el permanente uso de este recurso hídrico natural altamente escaso, sobre todo en el altiplano boliviano. El otro factor, aún más grave, es que la saponina, que resulta del lavado de los granos de quinua, es desechada directamente a las acequias, manantiales y cursos de agua sin tener en cuenta que esta sustancia es altamente contaminante.  La saponina, que permanece en el agua usada para el “desamargado” de la quinua, es altamente tóxica para animales de sangre fría y respiración branquial: peces, moluscos, ranas, sapos y otros, porque permeabiliza las membranas respiratorias produciendo su muerte. Su toxicidad tiene impactos de importancia en un ecosistema frágil como lo es el del altiplano boliviano, donde se cultiva y procesa el mayor volumen de quinua en Bolivia, y afecta tanto al lago Titicaca como al Poopó y sus afluentes hídricos, al atacar a especies endémicas como la rana del lago (tematobius culeus) y especies ícticas como el ispi y el k’arachi, entre otros. Para eliminar diez kilogramos de saponina se usan algo más de seis metros cúbicos de agua. La concentración resultante se vierte directamente al medio ambiente. Pese a este uso inadecuado del agua y la saponina desechada a cursos naturales de agua, algunos productores cuentan con certificaciones de “Producto Orgánico” y de “Comercio Justo”.

Una investigación valiosa

Patricia Velásquez, jefa de Laboratorios de la Facultad de Ciencias Exactas e Ingeniería de la Unidad Académica Regional La Paz de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo” (UCB), lleva a cabo la investigación titulada. Descontaminación de efluentes de plantas de tratamiento de quinua para obtener un doctorado en ingeniería química con el sistema de doctorado-investigación único en Bolivia en la UCB. Velásquez afirma que, en principio, no se conoce que existan tecnologías para la descontaminación de efluentes de plantas de tratamiento de quinua bruta y por ello plantea una modificación del proceso de beneficiado tradicional que permitiría, en principio, reducir drásticamente la emisión de efluentes líquidos contaminados por la separación de la saponina y una posible recirculación del solvente, en este caso el agua. Se considera que la saponina es una adaptación genética contra la depredación por parte de las aves. Tiene una capacidad espumante, semejante a la del jabón, que puede ser usada como materia prima para la fabricación de jabones y todos sus derivados de uso humano e industrial. Lamentablemente, esta materia prima es desechada y el Gobierno prefiere instalar “fábricas” de cajas de cartón en vez de industrializar la saponina.

Respuestas técnico-científicas

Llamando la atención sobre estos dos factores negativos, el uso de agua que no se recicla y el factor contaminante de la saponina, Ronanth Zavaleta, director de Ciencias Exactas e Ingeniería Química de la UCB, ha generado respuestas técnico-científicas al plantear un “diseño conceptual orientado a disminuir el volumen de agua utilizada en el lavado de la saponina de la quinua en grano y una consecuente reducción en afluentes contaminantes de plantas de tratamiento de ese pseudocereal andino”. En un trabajo publicado en la revista Ciencia y Cultura de mayo de 2010, Zavaleta sostiene que “el liquido descontaminado y clarificado es retornado al circuito de extracción de saponina, reduciéndose de esta manera de forma drástica tanto el consumo de agua (solvente utilizado en el desamargado de quinua) cuanto la emisión de efluentes contaminantes”. El académico propone modificaciones a procesos tradicionales, que incluyen una etapa de centrifugación como una alternativa para la disminución de costos asociados con el secado del grano húmedo.

Reducción de tierras

El Gobierno y la FAO suscribieron un convenio para la implementación del Centro Internacional de Quinua, CIQ, con una inversión de 53.000 dólares. Este centro investigará el mejoramiento del cultivo de la quinua en el complejo camélidos-quinua, procesos de manejo, mejoramiento de semillas y sostenibilidad del suelo a partir de la rotación de cultivos y el uso de estiércol de llama. Otro de los factores con incidencia negativa, por el éxito de los cultivos de quinua, es justamente que para incrementar la producción, exportar y tener más ganancias, los productores están ampliando sus cultivos en pastizales de camélidos y así están, simultáneamente, disminuyendo la sostenibilidad del cultivo y sobre todo anulando el factor de “producto orgánico” que es importante para la ampliación de mercados en Europa y Estados Unidos, porque se genera carencia de abonos naturales. Una ampliación de la frontera agrícola de la quinua sería casi imposible si no se recupera esa extensa área con nuevas tecnologías y prácticas modernas de cultivo.

Fuente: Página Siete (Bolivia)

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