“El Infierno de la Envidia”, por Samuel Arango

EL INFIERNO DE LA ENVIDIA

La mayoría de la gente no se muere de cáncer sino de envidia, lo dijo “Cochise” y ya lo habían dicho antes. Según la Real Academia Española, envidia es tristeza o pesar del bien ajeno, deseo de algo que no se posee. El envidioso entonces es alguien que no es capaz de obtener resultados, es mediocre, es bajo, es ruin, es un atormentado con su propia incapacidad. Vive enfermo, con rabia, con ganas de hacerle mal al que le va bien, al que le gana. El envidioso no pone a funcionar sus cualidades y se hunde en sus frustraciones e incapacidades. Se levanta bravo, se duerme furioso con alguien. Vive en función de otro y no se da cuenta que está perdiendo su propia vida. Es un enfermo canceroso del alma. Encuentra que la vida es cruel con él y alcahueta con los demás. Por arrastrarse en el fango de su propia inmundicia no se da cuenta que está muerto en vida. No vive ni deja vivir. Su objetivo es hacer el mal a quien es mejor que él.  El envidioso habla mal de todo el mundo o de quien envidia. No se da cuenta que las personas equilibradas e inteligentes aprenden más de quien habla mal de alguien que de quien le hablan. Un envidioso despierta desconfianza. El envidioso, con sus acciones, va demostrando su pobreza espiritual y emocional. No puede mostrar obras y entonces trata de destruir las obras de quienes sí las logran. Si una persona te habla mal de alguien, ten cuidado, muy posiblemente hablará mal de ti. Razón tenía un filósofo antiguo que cuando escuchaba a alguien que le hablaba contra otro se tapaba un oído. El envidioso le preguntó que por qué se tapaba la oreja, el filósofo respondió con calma: para escuchar por ese oído a la otra persona. La envidia es un sentimiento destructor que poco a poco mina al ser humano hasta llegar a destruirlo. Lo malo es que puede hacer mucho mal si quienes lo escuchan ingenuamente le creen sin establecer los filtros que se requieren para no ser injustos. Es frecuente escuchar o leer a un envidioso cuando habla o escribe que hoy es el gran día, que la vida le sonríe, que el mundo es muy bello, que la oportunidad está en la puerta. Decirlo o escribirlo no está mal, pero cuando se vuelve obsesión es un síntoma evidente de que algo anda muy mal. Esa persona necesita autoconvencerse de tener lo que no tiene. La insistencia es una muestra evidente de la carencia.  El envidioso es un ser enfermo que por desgracia puede enfermar a los demás por el mal que irradia. Hay que apartarse del envidioso y aprender a distinguirlo para aislarlo, para evitar sus mordidas rabiosas y malintencionadas. Quien es envidioso vive en el infierno y hace vivir el infierno a quienes envidia. Inventa, exagera, ofende, perjudica, en eso centra su placer. Del envidioso, líbranos Señor.

Samuel Arango

Comunicador social y periodista de la Universidad de Antioquia. Se desempeñó  en Radio, Televisión y Cine de la Universidad de Kansas (EU). Es profesor universitario. Fue Director de Ciencias de la Comunicación de la U. de A., decano de la Facultad de Comunicación Social de la UPB y de la Facultad de Comunicación Audiovisual del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid de Medellín. Se desempeñó como Cónsul General de Colombia en Toronto Canadá. Fue Editor gráfico, Coordinador de Redacción y editorialista del periódico El Colombiano. Director del Proyecto de Seminarios Internacionales sobre Minas Antipersonal de la Fundación Restrepo Barco.

Fuente: Diario El Colombiano (Colombia)

 

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