Un intelectual de “Carta Abierta” fue censurado por el semanario Miradas al Sur

El semanario Miradas al Sur censuró en dos ocasiones el ejercicio del derecho a réplica acordado al Historiador Alberto Lettieri, luego de que su Secretario de Redacción lo agraviara en su edición del 24 de marzo pasado, descalificando sus argumentos por provenir del “catecismo peronista”. Circuló por las redes sociales los dos artículos que la Dirección del semanario Miradas al Sur impidió publicar al Doctor Alberto Lettieri (director académico del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego), pese a haberle concedido el legítimo ejercicio del derecho a réplica. El conflicto se inició cuando el Secretario de Redacción de Miradas, Alberto Elizalde Leal, publicó en la edición del 24 de marzo, en su contratapa, un artículo titulado “Borges disciplinado”, a través del cual Elizalde pretendía impugnar los argumentos vertidos por Lettieri en la edición del 3 de marzo por el mismo medio. En su nota orginal, Lettieri cuestionaba la acción pública de Borges, sus vinculaciones con las dictaduras de Videla y PinochetL, su ferviente militancia antidemocrática y su antiperonismo visceral, a lo que Elizalde respondió relativizando esos argumentos habida cuenta de que Borges no era un político, y que en cambio Lettieri debería haber hecho más hincapié en  la producción literaria de Borges.

Hasta allí quedaría en una polémica casi intrascendente. Lo llamativo del caso son los agresivos  epítetos que el ignoto Elizalde propina a Lettieri, un destacado intelectual de extensa y reconocida trayectoria: “pedestre enumeración”, “crayón militante pero grosero”, “ominoso”, inspiración en el “catecismo peronista”, son sólo algunas de las expresiones con las que Elizalde pretende descalificar a Lettieri.

La situación resulta aún más confusa, debido a que, hasta ese momento, Lettieri  publicaba una columna semanal en Miradas al Sur, por lo que resulta sorprendente el nivel de agresión desplegado por Elizalde. Ante nuestra requisitoria, Lettieri declaro que Eduardo Anguita, Director de Miradas, le garantizo por mail que obra en su poder, el otorgamiento del derecho a réplica, que  el intelectual agraviado pretendió ejercer a través de un articulo titulado “Traición”, donde exigia que se le aclarara si el articulo de Elizalde, reivindicando un 24 de marzo a quien, como Borges, se había manifestado como fervoroso partidario de la Dictadura Civico-Militar y descalificando los argumentos de  Lettieri  su matriz doctrinaria nacional y popular, expresaba la opinión de su autor o de la conducción del periódico. La respuesta de Lettieri fue censurada sin comunicación alguna por la dirección de Miradas, circunstancia que parece avalar, en primera instancia, el aval de la conducción de Miradas al punto de vista y a la operatoria de Elizalde.

Sin embargo, el tema tuvo una nueva vuelta de tuerca, ya que merced a la intervención de amistades en común que pretendieron descomprimir la situación, el periódico publico en su edición  del  14 de abril un fragmento del último libro de Lettieri, “La Historia Argentina en clave nacional, federalista y popular”, que próximamente será presentado en Tucumán; y su director ofreció garantías escritas de permitir, ahora sí, el ejercicio del denegado derecho a replica. Lettieri optó entonces por responder a los agravios de Elizalde con un articulo prodigo en citas del propio Borges y de cronistas –tal el caso, por ejemplo, del propio Anguita-, en un articulo titulado “Borges indisciplinado”.  Sin embargo, Lettieri no tuvo mejor fortuna en este caso, ya que Daniel Cecchini, editor de la Sección Politica del diario, le comunicó la decisión de no publicar su intervención. Curiosamente Cecchini es autor de una reconocida investigación sobre Clarin y Papel Prensa, donde denuncia en tono militante el ejercicio de la censura por parte del multimedio.

Las conductas de la conducción de Miradas al Sur resultan preocupantes,  y exigen una aclaración pública. ¿Se ha censurado efectivamente a un intelectual referente del campo nacional y popular justamente por esa condición? ¿La reivindicación de Borges en un nuevo aniversario del Golpe del 24 de marzo de 1976, acompañada de la descalificación de los fundamentos doctrinarios del peronismo,  solo expresaron la posición de su Secretario de Redacción? ¿Cómo ejerce una función de esa relevancia en un periódico que formalmente se alinea dentro del campo popular y latinoamericanista quien  reivindica el pensamiento autoritario, antiperonista y aristocratizante de Borges? ¿Cómo compatibiliza Cecchini su critica a Clarin con sus propias acciones? ¿Qué papel juega su director, Eduardo Anguita, otrora crítico del acercamiento de Borges con la dictadura cívico-militar con su determinación de impedir el derecho  a replica  de Lettieri? ¿Ejercerá realmente la conducción del medio, o este grave episodio es el producto de un golpe palaciego? Demasiados interrogantes a los que deberá dar respuesta Miradas al Sur, si desea conservar su credibilidad periodística.

Texto del derecho a réplica negado por Miradas al Sur, tras infame ataque del Secretario de Redacción de este medio al Doctor Lettieri

Traición

Por Alberto Lettieri, historiador

De todas las traiciones posibles, ninguna peor que la del enemigo interno que, agazapado, espera su oportunidad para tratar de aplicar su golpe letal contra aquel que, hasta ayer, le había premiado su confianza y su abrazo sincero. Muchas veces retomé este tópico en las columnas que publiqué hasta hoy en Miradas al Sur. Lo sufrieron Rosas, Urquiza, Perón, Néstor, Cristina… La lista es interminable. Agazapado, silencioso, el gatopardo elige cuidadosamente su presa, espera la oportunidad y trata de cumplir con su infame tarea.

Lo triste y lamentable es cuando uno mismo es el objeto de tan infame acción. En este caso, el agresor tiene nombre y apellido: es el Secretario de Redacción de Miradas al Sur, Alberto Elizalde Leal, quien, desmintiendo su propio apellido, ha decidido descargar su saña sobre un compañero que compartió durante varios meses las páginas de este semanario. Efectivamente, en la contratapa del último número, correspondiente al 24 de marzo, Elizalde (des) Leal publicó un editorial titulado “Borges disciplinado”, que en realidad debería haberse llamado “Tratando de disciplinar a Lettieri”. ¿Cuál es la razón por la cual, en una fecha histórica que sintetiza tanto la memoria del oprobio cuanto la identificación de la mayor parte de la sociedad argentina con los DDHH y la democracia, y la exigencia de condena de los responsables, militares y civiles, del Terrorismo de Estado, un semanario progresista dedique su contratapa –tan luego su contratapa!!!!!-a reivindicar a José Luis Borges, quien representa exactamente la concepción inversa de la sociedad, y a descargar su mazazo artero contra un intelectual comprometido con los principios del campo nacional y popular?

¿Era el 24 de marzo, una jornada que significó un verdadero plebiscito de los valores democráticos y del compromiso con la vida, el momento adecuado para reivindicar a Borges, quien no tuvo empacho en almorzar con Videla y Ernesto Sabato a pocos días del Golpe Macabro de 1976, ni de estrechar calurosamente la mano de Augusto Pinochet ? ¿Qué pasó por la cabeza de los compañeros de la redacción de Miradas al tomar semejante determinación? ¿Fue una decisión personal de Elizalde (des) Leal, o del Comité Editor en conjunto?

Estos interrogantes exigen una respuesta clara e inmediata de la conducción del semanario. Frente a la gravedad de esta decisión de marchar directamente en contra de la voluntad del pueblo argentino y de su conducción democrática, los agravios personales que me propina el Secretario de Redacción de Miradas al Sur pasan a un plano accesorio. Sin embargo, en lo que seguramente será mi última intervención en estas páginas, no puedo omitir referirme a su artera operación panfletaria. No objeto que se formulen criticas a mis intervenciones, siempre y cuando sean realizadas con altura, honestidad y fundamento. Realmente, no alcanzo a comprender las razones por las cuales la conducción del semanario consintió en publicar este desagradable panfleto, , que no implica sino una manifiesta agresión ad hominem en mi contra, sin siquiera anoticiarme de ello.

Tal como manifesté explícitamente en mi artículo “Borges y la magnifica ironía de Dios” (Miradas, 3/3/2013), en ningún momento me propuse evaluar la obra literaria de Borges, sino su acción pública y sus posicionamientos políticos. Según concede el propio Elizalde, “la parte más inerte y viscosa de sí mismo: su ser social”. Sin embargo, ya que mi crítico no encuentra un solo elemento de prueba que le permita objetar ni responder mis argumentos, cae en el amarillismo de descalificar los datos utilizados, señalando que algunos de ellos están disponibles en “Google y Wikipedia, fuentes donde Lettieri parece haber abrevado en la escritura de su texto.” Al respecto, pueden señalarse dos consideraciones: por un lado, que sería complicado que Elizalde pudiera demostrar que esas fueron mis fuentes, ya que, como el mismo sostiene, se trata de “información archiconocida”; por otro, que la información sea “archiconocida”, o que pueda encontrarse en esos portales, no la inhabilita como argumento válido para analizar el desempeño público de Borges. Más bien todo lo contrario.

Llamativamente, las agresiones del Redactor de Miradas no cesan: “pedestre enumeración”, “crayón militante pero grosero”, “ominoso”, aplicación de un “canon conceptual absolutamente inadecuado para la comprensión de la obra y la vida de un autor y las condiciones de producción de su discurso estético y simbólico.”, son sólo algunas de las expresiones agraviantes con que Elizalde pretende invalidar mis sólidos y probados argumentos. No hay un solo fundamento que sostenga sus trasnochadas afirmaciones; sólo retórica vacía y mal gusto evidente.

“¿Creerán -los lectores- la imagen que nos entrega ese texto inútilmente despiadado?-se pregunta el Redactor de Miradas-. ¿O se sumergirán, maravillados, en un mundo de impecables metáforas, de inquietante universos desconocidos, de morosas poesías alejandrinas y amables aunque implacables cuchilleros?” Evidentemente Elizalde, seducido por el Borges escritor, ha decidido tender un piadoso manto de olvido sobre su desempeño público, y sobre las implicancias sociales de ese desempeño público, que es precisamente la dimensión en la que se centra mi artículo.

¿Miopía? ¿Incapacidad para diferenciar los distintos ámbitos de acción social? Lo cierto es que Elizalde demuestra estar totalmente contaminado por un canon cultural eurocentrista, fascinado por un personaje que enajena su voluntad a punto tal de convertirlo en su sicario.

Elizalde objeta mi “insistencia” en presentar “un Borges unilateral, insensible aprovechador de los recursos del Estado”. ¿No es unilateral el Borges que construye mi detractor? A su juicio, mi error ha sido ofrecer una lectura de Borges desde el “catecismo peronista”. Sin embargo, le parece natural y hasta “progresista” presentar su propia interpretación infestada de provincialismo cultural y de sumisión a la estética eurocentrista.

A lo largo de mi participación en el semanario Miradas al Sur, mis artículos adoptaron una MIRADA DESDE EL SUR, característica de mi compromiso militante y de mi acción como intelectual. Por el contrario, Elizalde, su Secretario de Redacción, paradójicamente, demuestra que MIRA AL SUR DESDE LA PERSPECTIVA DEL NORTE.

“Criticar la nota de un amigo de la casa no es fácil ni especialmente gratificante”, apunta el redactor. Sin embargo, no critica la nota de un amigo de la casa, sino que pone en cuestión el derecho de un amigo de la casa a examinar de manera crítica la acción pública de uno de los principales referentes de la cultura oligárquica y colonial y, a falta de argumentos, pretende poner impugnar mi sólido prestigio intelectual, del cual él carece, apelando a una retórica cuidada pero vacía de  contenidos.

El campo popular ha sido víctima reiteradamente de las acciones de quintacolumnas que terminaron provocando la fragmentación y el colapso de los proyectos más promisorios. Urquiza o Lonardi han sido ejemplo de esto. He escrito reiteradamente sobre este tópico en estas mismas páginas. ¿Será la de Elizalde una nueva reencarnación de este Ave Fénix? ¿Los enemigos del proyecto nacional y popular sólo se cobijan en la órbita de los oligopolios que han eludido la aplicación de la Ley de Medios, o también acechan, camuflados, en los medios que se identifican con nuestro propio espacio? ¿El panfleto amarillista de Elizalde, publicado groseramente un 24 de marzo, implica un juicio personal o sintetiza  la opinión de la dirección de Miradas al Sur?

“El pueblo quiere saber de que se trata”, fue la consigna popular del 25 de mayo  de 1810. También desea saberlo ahora. ¿Elizalde o Lettieri expresan el compromiso y el programa de Miradas al Sur? ¿Con Braden o con Perón? El 24 de marzo pasado el pueblo argentino, masivamente, dio su respuesta a este interrogante. Es hora de que la dirección de Miradas haga lo propio.

Artículo:

Borges indisciplinado

Por Alberto Lettieri, Historiador

El 24 de marzo pasado, en un artículo que llevaba el sugerente título de “Borges disciplinado”, Alberto Elizalde Leal formuló una intempestiva crítica sobre mi artículo “Borges y la magnifica ironía de Dios”, publicado en Miradas al Sur el 3/3/2013. Tanto los agresivos conceptos que me dedicó como los endebles fundamentos de su intervención provocaron un cierto escozor entre numerosos lectores y referentes sociales y políticos a quienes agradezco sus expresiones de solidaridad.

En su intervención Elizalde pasa por alto que el objetivo explícito de mi artículo no consistía en evaluar la obra literaria de Borges, sino específicamente su acción pública y sus posicionamientos políticos. Sin embargo, al no encontrar ningún argumento consistente que le permita objetar mi análisis, pretende descalificar los datos utilizados por tratarse de “información archiconocida” –eso la vuelve menos contundente???-, acusándome de haber realizado una “pedestre enumeración”, de utilizar “crayón militante pero grosero” y de aplicar “canon conceptual absolutamente inadecuado para la comprensión de la obra y la vida de un autor y las condiciones de producción de su discurso estético y simbólico”. En síntesis, pura retórica y dudoso buen gusto. Con un agravante: en lugar de dedicar la contratapa del semanario en un nuevo 24 de marzo a reivindicar la memoria de la lucha contra la dictadura cívico-militar y el terrorismo de Estado, el Secretario de Redacción de Miradas la aplica a reivindicar la memoria de un fervoroso partidario del autoritarismo y enemigo a rajatabla de la democracia y de los derechos de las minorías y de los pueblos originarios, tal como lo fue el culto literato que decidió ser suizo.

Medité largamente la manera de contestar el infortunado ataque. Recurrir a una descalificación personal sólo me pondría a la altura de mi fervoroso crítico. Insistir en mis argumentos carecería de sentido, ya que son sólidos y están suficientemente probados en mi intervención original. Por lo tanto, me incliné por dejar hablar al propio Borges y a algunas crónicas que se ocupan de él, para engrosar lo que Elizalde calificó como una “pedestre enumeración”.

Borges almuerza con Videla

El 19 de mayo de 1976, a menos de dos meses de instalado el Terrorismo de Estado en nuestro país, Borges y Sabato, entre otros referentes de la sociedad culta criolla, compartieron un almuerzo con el genocida Jorge Rafael Videla.[1] Martín Caparrós y Eduardo Anguita reseñan el encuentro del siguiente modo: “Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país”, dijo Jorge Luis Borges, y los periodistas de Casa de Gobierno se sonrieron: ya tenían un titulo para sus notas. (…) “El desarrollo de la cultura es fundamental para el desarrollo de una Nación”, dijo Videla varias veces, y los demás asentían.” [2]

Borges y Pinochet

Algunos defensores a ultranza de Borges han tratado de minimizar el episodio, caratulándolo como una decisión ocasional  de la que luego se habría arrepentido. Pero este inconsistente argumento resulta insostenible: la opción de Borges por el autoritarismo no era nueva, y se reafirmaría en los años subsiguientes. Tres meses después del almuerzo con Videla, Borges recibió, el 21 de septiembre de 1976, la distinción de Doctor Honoris Causa de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Chile. Ese mismo día era asesinado en Washington, por sicarios enviados por Pinochet, el Ministro de Defensa chileno Orlando Letelier.  El discurso de aceptación de la distinción por parte de Borges resulta memorable: “Hay un hecho que debe conformarnos a todos, a todo el continente, y acaso a todo el mundo. En esta época de anarquía sé que hay aquí, entre la cordillera y el mar, una patria fuerte. Lugones predicó la patria fuerte cuando habló de la hora de la espada. Yo declaro preferir la espada, la clara espada, a la furtiva dinamita, Y lo digo sabiendo muy claramente, muy precisamente, lo que digo. Pues bien, mi país está emergiendo de la ciénaga, creo, con felicidad. Creo que mereceremos salir de la ciénaga en que estuvimos. Ya estamos saliendo, por obra de las espadas, precisamente. Y aquí ya han emergido de esa ciénaga. Y aquí tenemos: Chile, esa región, esa patria, que es a la vez una larga patria y una honrosa espada”.

Al día siguiente, Borges sostuvo una agradable tertulia con el genocida. A la salida, declaró: “El (Pinochet) es una excelente persona, su cordialidad, su bondad… Estoy muy satisfecho… El hecho de que aquí, también en mi patria, y en Uruguay, se esté salvando la libertad y el orden, sobre todo en un continente anarquizado, en un continente socavado por el comunismo. Yo expresé mi satisfacción, como argentino, de que tuviéramos aquí al lado un país de orden y paz que no es anárquico ni está comunizado”.

Borges y la democracia

La elección de sus compañeros de mesa, así como la encendida justificación de sus acciones por parte de Borges, no tuvieron nada de circunstancial. Unos cheques enviados más tarde, de manera ocasional, a las Madres de Plaza de Mayo, o la firma de una solicitada avalando sus reclamos, no autorizan a sostener la tesis de su supuesto “arrepentimiento”. Más bien todo lo contrario. En 1971, Borges fue entrevistado por el periodista –más tarde desaparecido- Dardo Cabo de Extra. El encuentro fue interrumpido drásticamente por el escritor cuando Cabo le manifestó su condición de peronista….  En 1979, justamente por los tiempos en que accedía a un breve encuentro con las Madres, Borges renovaba su compromiso con el autoritarismo, a través de la revista Visión, de Mariano Grondona: “¿El pueblo debe intervenir en la elección del gobierno? –se preguntaba- ¿Para qué? ¿De dónde sale eso? ¿Acaso debe intervenir el pueblo en la elaboración de la química, que es una ciencia especializada, como el gobierno? No hace demasiado tuvimos elecciones ¿y qué pasó? Siete millones de imbéciles volvieron a votar a Perón que sólo trajo desórdenes, robos y servilismo. Llevar hasta sus últimas consecuencias la democracia es un error”. No satisfecho con estas declaraciones, agregaba: “Creo que este país iba mejor cuando estaba gobernado por un pequeño grupo de personas que quizá engañaban un poco cuando hacían política, pero que convertían poco a poco al país en un gran país”.

El remate de la nota era, nuevamente, brutal: “los indios han sido siempre nuestros enemigos aquí. Mi abuelo se batió con ellos (…) los cristianos degollaban a los indios. Creo que se había vuelto necesario” Tan necesario, a los ojos de Borges, como el genocidio encarado por los Videla y los Pinochet, a quienes defendía con fervor. Con ese mismo fervor que expresó al arribar a Chile en 1976: Lo defendí –a Pinochet-  “porque emocionalmente sentí que debía hacerlo. (…) Yo siempre he sentido afecto por Chile y me parece que si ahora Chile está salvándose y de algún modo salvándonos, le debo gratitud. Yo, como argentino, le debo gratitud”.

El barco que se hunde

Hacia fines de la dictadura cívico-militar Borges intentó despegarse de los uniformados en declive, formulando ciertas críticas formales a sus procedimientos, aunque sin dejar de considerar a sus intervenciones como producto de la necesidad histórica en la lucha contra la “barbarie” que, a su juicio, significaba el peronismo. Más aún, nos relata Néstor Montenegro, con la victoria de Alfonsín “Jorge Luis Borges no es el mismo. “Ha ocurrido algo asombroso, inesperado”–declara Borges-, y hasta grita “¡Viva la Patria!” cuando visita al nuevo presidente. “¿Y qué sucedió en usted para que cambiara su habitual escepticismo por este optimismo que ahora se le nota? –pregunta Montenegro- Porque usted confió en el Proceso, luego se desilusionó, lo atacó y ahora no ocultó su emoción al hablar con Alfonsín…? -Desde luego –apunta Borges-, estaba con una emoción increíble y sigo todavía maravillado de que haya ocurrido esto. Estaba seguro de que ocurriría lo contrario, que ganarían los peronistas; tenía miedo de volver al país. Y aquí estoy otra vez, para colaborar con esta democracia.”[3]

Borges ayer, los caceroleros porteños y la oposición venezolana hoy en día, expresan en síntesis una misma convicción: la democracia sólo es deseable desprovista de su contenido popular y reivindicatorio de las tradicionales injusticias y postergaciones históricas. Antes que el partido popular, las botas. Tal vez el único elogio que pueda hacerse de Borges es el reconocimiento de haber expresado explícitamente lo que los demás callaban, aunque esa opinión implicara la prédica de la muerte y la tiranía en beneficio de unos pocos.

[1] Hector D’Amico: “Sabato y Borges almuerzan con Videla”, La Nación, 2/5/2011.

[2] Caparrós, Martín y Anguita, Eduardo, “La Voluntad”, Tomo III, Norma, 1998, pág 72

[3] Gente, 15/12/|983

Fuente: Prensa Tucumana (Argentina)

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